<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833</id><updated>2012-01-21T10:23:48.297-06:00</updated><title type='text'>NO SE CULPE A NADIE DE MI MUERTE</title><subtitle type='html'>HAY DOS CLASES DE ESCRITORES: LOS QUE JUEGAN CON LAS PALABRAS, LOS CONCEPTOS Y/O LAS IDEOLOGÍAS, A TRAVÉS DE SUS SENSACIONES Y OPINIONES; Y LOS QUE SE TOPAN CON SUS IDEAS, DESARROLLÁNDOLAS POR MEDIO DE PALABRAS, CONCEPTOS E IDEOLOGÍAS. ESTOS ÚLTIMOS TIENEN AUTORIDAD PARA PROPONER NUEVAS PALABRAS, NUEVOS CONCEPTOS, NUEVAS IDEOLOGÍAS Y/O NUEVAS SENSACIONES, POR MEDIO DE SUS OPINIONES.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-6159075308951017868</id><published>2010-10-22T06:08:00.001-05:00</published><updated>2010-10-22T06:10:40.271-05:00</updated><title type='text'>El Mall de Olores</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TMFv6Tj-eFI/AAAAAAAAA0c/7XvlAMnh4Uk/s1600/Bernard+Dumaine.+Le+Complicazioni.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nx="true" src="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TMFv6Tj-eFI/AAAAAAAAA0c/7XvlAMnh4Uk/s320/Bernard+Dumaine.+Le+Complicazioni.jpg" width="229" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;“Y bueno, ¿lo vas a hacer o no?”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Se regaña a sí mismo, molesto de esta situación ridícula que le incomoda más por no tener con quién compartirla; en un encerrado murmullo de su voz aguda; sin entender por qué sigue deteniendo con sus manos de oficinista el volante tibio del auto de la compañía, que lo lleva cada tarde a casa y a menos de diez metros de su escritorio, por la mañana; impecable, limpiecito y rasurado que espejea, para hacerle frente a cada taco y a las extravagancias de su jefe. Pero desde hace una semana también muy oloroso, en el sentido turbio, casi inmoral de la palabra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Consciente está que es el momento de deshacerse de su viciado aroma que, a ratos, durante el día, también a él se le ha comenzado a introducir, cínico, persistente, profundo, por la nariz; seguro que al igual que a muchos en el noveno piso; aun cuando nadie se ha atrevido, hasta hoy, a decírselo de manera clara, a demostrarlo al menos de forma indirecta, en el despacho de la firma de auditores, donde funge como contador de toda confianza; ni siquiera el jefe, con el que almuerza una vez a la semana; o la señora Ordóñez; aunque quizás el gesto fruncido de esta arpía, que se las da de secretaria, desde hace una década, en la sociedad consultora, como si fuera una zorra vieja –no viene a ser lo mismo que una vieja zorra-, incluya un milímetro en el pliegue del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;arrugaje &lt;/i&gt;de su mirada, interceptando también con su sensor olfativo esas moléculas pestilentes que pululan por todos los rincones de la oficina.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Pucha que ya han de saberlo todos! –golpea el volante de piel pero su grito no lo ha oído nadie por tener los cristales del Toyota bien subidos. En fin, de algo ha de servir el desodorante ambiental y hasta la música de fondo, sicológicamente envolvedora, en su trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Pero vamos, no hay que ser tan trágico. La verdad es que Gastón Luco, por otro lado, tiene gran suerte de poseer una familia noble, sincera; aunque no le quedó del todo claro anoche si su esposa y el hijo se lo recordaron ante el amor al sacrificado padre o por simple necesidad de respirar un poco de aire puro; en ese reverencial momento en que a Gastón le gusta botar los zapatos al piso, dejando caer sus ochenta kilos sobre el gastado sofá –donde ayer tuvo que dormir, como preso sin rejas que no acaba de entender del todo su delito involuntario-, con ese suave pero hondo suspiro que a menudo se confunde en desdeñante resoplo de cansancio; mientras veía –nunca escucha- las noticias en la tele.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Papá! –al fin su hijo explotó, a mitad de un éxtasis en evidencia- ¡Sigues hediondo! –de nuevo el niño, en media docena de años, clasemediero, con futura opción a un trabajo donde, de preferencia, pueda desarrollar su “vida profesional” sentado, se encerró en su pulcro cuarto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El octavo de segundo del portazo, seco, humillante, le alcanzó al crío para imaginar lo que le esperaba en la cena, cuando tuviera que aliñar el pan con una rebanada de jamón y esa exquisita ventolera invisible, estática a veces, que incluso parece rozarle el rostro; y que ni el mejor podólogo, con experiencia en tormentos, sin cámara anti-gases, soportaría.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Mira que te lo advertí desde que volvimos de vacaciones! –aprovechando la rabieta del chico, le tocaba el turno a ella, por lo bajo, en un tono que no admitía postergación- ¡Pero tú necio en Coquimbo con zapatos! ¡Ridículo! ¡Como si nunca te hubieras metido al mar! ¡Ve ahora lo que has provocado! –con todo el dolor de su nariz aguileña también azotó la puerta de la cocina, para que ese aromatizante fabuloso no se mezclara con la mayonesa light.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El dictamen de la señora fue aprobado en unanimidad cuando el perro de la casa, diminuto faldero neurótico, prefirió meterse a su camastro, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;estornutante&lt;/i&gt; sin cesar, a cambio de salir, como siempre, al saludo de su amo. Hasta las ventanas del living fueron demostrativas de su rebeldía al buen Gastón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Si no pones remedio a esto te va a costar el trabajo! –su esposa de nuevo, al salir de la cocina con la cena lista- ¿Acaso no te das cuenta que respiramos veneno?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;“Me estoy pudriendo…”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Ya no es un regaño hacia sí mismo; ni siquiera le queda pizca de molestia o resentimiento. Al contrario, ahora se siente afortunado de estar sin compañía, excepto por una mosca que le zumba, inesperada, a sus espaldas; de que no tiene ningún sentido detener el volante inmóvil del Toyota, cuando lleva más de diez minutos estacionado en el mall de &lt;personname productid="La Florida." w:st="on"&gt;La Florida.&lt;/personname&gt; “Maldita Ordoñez, con razón la carcajada de ellas en el baño… Se me hacía raro que el jefe me pidiera que revisase lo de la constructora a medio almuerzo… ¿Será posible que hasta Clarita me haya evadido al enviarme ese mail?”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El rostro se le metamorfosea de vergüenza. Como siempre sucede, fue el último en enterarse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Al bajar calmo el vidrio de su lado se da cuenta del terrible olor que lleva dentro. Aunque no huele tanto como hace una hora, cuando se sacó los zapatos mientras prendía el motor, al salir del trabajo. Esos mocasines de tan buena calidad plástica que durante seis meses supieron trasladarlo de aquí para allá, en perfecta imitación de piel, ahora descansan como filetes de vacuno clonado, a medio cocer, con mucha cebolla, sin antídoto de ser freídos, en la parte de atrás del automóvil. Perfectos para su exhibición en el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;facebook&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Llegó el momento. Toda su mesura, su decencia, y un poco de amor propio, lo empujan a actuar porque sabe que es el único día en toda la semana donde cuenta con una hora para lograrlo. Está de por medio el devenir sedentario de su hijo y hasta el buen funcionamiento del refrigerador que heredó de su hermana, el día de su boda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Así como no decidiéndose, de pronto la puerta del auto cede un poco, lo suficiente para sentir el ligero viento de la tarde, mientras sube de nuevo el vidrio, tan titubeante que parecía que nunca terminaba de ascender. Abre más la puerta; el pie izquierdo se le sale como le brotaría a un títere de madera, al salir de su estuche; envuelto en un calcetín de rombitos negros y verdes, más verde aceituna que negro con pelusa gris, inarrancable. Pero es demasiado, debe esperar; en tanto que la planta de su pie palpa, a través un cosquilleo que corta la profundidad, aspereza y hasta alguna forma puntiaguda entre las piedritas del pavimento caliente. Deja que pase primero esa pareja de chicos que no reparan en él –se pregunta si los audífonos que lleva cada uno les impiden darse cuenta que se hacen compañía-, y la señora cargada de bolsas. ¡Maldita sea! ¡Por qué se tenía que detener ese guardia en la esquina del estacionamiento por donde va a tener que caminar!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El desfile no terminará nunca. “¡Hazlo ya!”, se reprende, con una sensación de injusticia bien arraigada, porque jamás fue su intención caer tan bajo; que incluso su madre, el martes pasado, por eso ha de haber fingido el dolor de cabeza, cuando Gastón la fue a visitar, terminando por desayunar solo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Siente el asfalto vivo traspasándole los calcetines, como un bebé que no quiere llenar de pánico a todos al mantenerse en pie por primera vez; y no es que los ignore, pero de pronto su mente se bloquea al punto de no advertir a nadie, ni siquiera al guardia distraído. Una mueca de “soy uno más que viene a dar vueltas por el mall” se le instala en el semblante, al titubearle la figura medrosa que, a cada paso que da, descubre lo estriado, pero también confortable, a tramos, del duro suelo que se extiende algo más de veinte metros, antes de alcanzar la zona peatonal; mientras la pregunta que navega en la respuesta que no recuerda, supone que le echó llave al auto; y procura levitar en lo posible, luego de esa cosa extraña que lo hizo brincar, al pincharle el talón, tragándose en un grito el dolor y la terrible rasquiña de su pulgar izquierdo. –Durante el camino pisó los pedales con el calcetín, aprovechaba los semáforos para restregar un pie con otro; procurando no ser evidente con su mueca desesperada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El adoquinado tiene menos inconvenientes de equilibrio, pero ni así pierde de vista cada pisada que da. Cincuenta y cuatro son precisas para que la inteligencia de la puerta del mall le abra paso supremo. Por primera vez en su vida reflexiona sobre los inconvenientes de tener tan sólo un par de zapatos, uno al año gracias al aguinaldo que nunca le falta. Y todo porque Gastoncito quiso construir ese volcán de arena en una playa de Coquimbo; añadiéndose al expediente del involucrado que, cuando le dieron ganas de hace pis, no se atrevió a meterse de nuevo al mar, independientemente de las medusas, debido a la tragicómica imagen que de él mismo le vociferaba su esposa, desbordante de grasa como globo desinflado a medias. Ir a un baño público, a tiro de piedra, hubiera resultado para Gastón convertirse en el mejor payaso de todo el verano. Era más simple rodear con sus muslos el pequeño volcán de su hijo, hacer un hoyito en la arena y…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Fue un respiro para él salir a caminar esa noche, solitario, por el litoral oloroso, conversándole las olas al oído como un amigo sincero. Le llegaban aromas simultáneos de leña y marihuana; alguna motocicleta y risa de chicas ante el naufragio del sol; la despedida de una gaviota, la invitación de una guitarra y hasta de un barco que se iba o llegaba a lo lejos, en el otro extremo de la bahía; en línea recta donde el faro, de pronto, le avisó que una ola estaba a punto de revolcarlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Tiene problemas: el calcetín derecho se le ha arrugado en el empeine; pero no hay nada que hacer, estirárselo sería delatarse. Es uno más ¡y tan rica la tarde!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;“Pero claro, el aparatito eléctrico pal niño y las cremas de ella. ¡Y yo con todo! ¡Y yo sin nada!... ¡Cómo querían que me metiera al mar descalzo, con tanta medusa!” –genuino socialista alineado a la derecha, siempre detrás de alguien, de quien sea mientras siga caminando; la mirada al fin de frente, el suelo liso de exquisito, aunque un tanto frío; tan encerado que por momentos pareciese flotar. ¡Deberían sentir todos, esto!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Necesita una zapatería, una; pero no se ha atrevido a entrar en las primeras dos. Eso de los rombitos y la pelusa es cosa seria; además de que la experiencia de tocar, sentir, ese manoseo de sus pies hasta apoderarse, como gran cavernícola, del mall entero, pulsando un linde sin límites ni tropiezo. Sobre todo se da cuenta que, hasta este momento, nadie advierte que va descalzo, nadie.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;La pesadilla mental se diluye hasta lo más bajo de su columna, de sus humillados pies que de pronto se montan, con denuedo, en una escala mecánica, tan larga que el tiempo le alcanza para terminar de relajarse, a pesar del canto sugestivo de un altavoz que se cuela desde el cuarto piso. –Gastón Luco no recuerda otra situación en su vida donde el problema se convirtiera en asunto de seguridad familiar, social y laboral. Además, si no tiene mal aliento, y con ese aire acondicionado tan potente ¿por qué ha de temer pedir un par de zapatos?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Hola! –casi se desmaya ante el cordial saludo de la chica rubia, impecable. Hasta ahora no se ha preocupado de que alguien lo pisara. El perfume de la empleada se le mete en los ojos; pero tampoco descubre la mujer el detalle embarazoso. Luco disfruta ahora de la confortable, necesaria alfombra, y de un descomunal espejo que lo enmarca como la mejor estampa anti-comercial. No se le ocurre dónde ni cómo esconder sus calcetines, que de pronto siente como si fueran parte de una caricatura de Bruno Bozzetto, en close-up, entre ese glamur que lo retorna a sentirse muy poca cosa; porque una persona no puede interpretar el absoluto de lo que ve en su propia fotografía, o en un dibujo de sí mismo: todo esto refleja las circunstancias, el desnudo que la vida ha puesto en nosotros, pero &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;al revés&lt;/i&gt;; idea, figura poderosa en inversa perspicacia, sin misericordia del ángulo que no habíamos advertido. La teoría paradójica del fotógrafo en su espacio ideal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;“Apuesto a que ella no lleva calzón –piensa, con humor negro. Administra su respirar, en pro de su abdomen insurrecto, vacío-. Cuando me meta la mano al bolsillo, para pagar los zapatos, todos estarán a mis pies.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;La alfombra estuvo a punto de transformar su calcetín en verdosa tobillera. Pidió medirse unos Hush Puppies 44, tan amoldados a él que de súbito se le volvió a olvidar su purgatorio. Le hubiera gustado comprarse otro par, pero con éste se cerrarán las ventanas de casa durante el otoño; para que no tenga que fingir sus gestos, por un buen tiempo, en un mall. ¡Hasta &lt;personname productid="la Ordóñez" w:st="on"&gt;la Ordóñez&lt;/personname&gt; mutará de zorra en perra!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-Y bien ¿me van a saludar o no? –sus dedos rozan el volante del Toyota cuando introduce la llave. La oración, observándose orgulloso en el espejo retrovisor, está dirigida, sobre todo, al jefe, a Clarita y a todos los involucrados en el maldito piso nueve; enfilándose hacia la salida. –Sabe que no es justo, que no se lo merece, pero le entra de nuevo esa picazón en el pulgar; con la diferencia de que esta vez no puede hacer nada, más que esa mueca que le rechina los dientes. A final de cuentas, la voz propia es la que, tarde o temprano, nunca se olvida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Estirándose al máximo toma con la mano derecha esa cosa maloliente desde el fondo del asiento de atrás, colocándola a su lado. Todos los vidrios del Toyota le muestran sus respetos, al igual que un par de moscas que huyen despavoridas de su encierro; hasta el guardia del estacionamiento, tan inmóvil que una estatua sentiría tristeza por él, al no percibir ese exquisito aroma&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;a piel imperecible.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El animal cercano al hombre, que más se ha resistido a su domesticación, es la mosca; incongruentemente, es ella con la que sentimos más inmediatez. Ya no buscamos la venganza en contra suya, dándonos el insecto una gran lección, al hacernos sentir el mal gusto que con el tiempo deja el resentimiento, la revancha, el castigo hacia la naturaleza. Pero necesitamos dar un último paso: la reconciliación; aun cuando hace falta valor para lograrlo; además de dos o tres generaciones de personas que conviertan el síndrome de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;estatua sentada&lt;/i&gt;, como el más viable camino para “desarrollarse en su vida profesional”, en un error superado para siempre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Ser valiente, basado en una monótona repetición, más bien puede resultar cobardía ante el cambio. Serlo en la salvedad, ahí radica el secreto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Toma la avenida hacia el sur, que lo lleva a su casa, donde el perro, el hijo y la santa mujer –sin religión conciliadora de por medio- esperan un milagro; mientras tanto en la radio Gastón oye –nunca escucha- una nota procedente de Copenhague –seguro que hoy los políticos chilenos no tuvieron nada que ofrecerle al &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;mercado de la información&lt;/i&gt;-: Paul McCartney, agotado de musas, dijo en &lt;personname productid="la Convención Mundial" w:st="on"&gt;la Convención Mundial&lt;/personname&gt; del Cambio Climático, que el medio ambiente mejoraría mucho si se multiplicaran, en el mundo, los vegetarianos como él. “Un día mundial sin carne”, propuso el anciano &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Bicle&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;En la esquina más transitada, cerca del hogar, Gastón descubre, con insufrible comezón en su pie, dentro de ese maravilloso Hush Puppies 44 que lo transporta en otra atmósfera terrenal, a ese eterno traga-fuego que desde hace casi veinte años lo ha llenado de suspiros, que podrían traducirse en envidia vindicatoria, sin jefe ni &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ordoñeses &lt;/i&gt;qué ordeñar, a cambio de perder el sentido del gusto; pero ¿el buen gusto no es más importante?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Hoy no tengo monedas, compadre! –le grita Gastón al actor callejero, con su voz aguda, cuando éste pasa a su lado, después de su acto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Le encanta al oficinista esa teatralización nocturna, brillante de rojo por las luces del semáforo; y la descomunal llama que parece alcanzar, por un instante, los alambres de la televisión por cable, el teléfono y su pesadilla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Pero te tengo una sorpresa! –añade Gastón, entre el ruido del taco, tomando de las cintas sus viejos mocasines, que le ofrece al traga-fuego de toda la vida; quien mete freno forzoso en su desfile busca-monedas y en esa plasta de rostro que de pronto se vuelve media sonrisa; cuando el semáforo contrario prevé en naranjo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;El gran personaje de rostro-cuerpo negroide y poca estatura, cuando el verde lo obliga a correr hacia un costado, parece protestar en un pateo bucal que casi silba, más allá del tráfico, haciendo de sí un tesoro sus manos encallecidas:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;-¡Gracias jefe! –es la voz de lumbre del artista que, por un instante, a su vez envidia la lisura, rosada delicadeza de las manos de Gastón- ¡Con &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;éstos&lt;/i&gt;, me compro un cuarto de pierna y cebollita! ¡Hasta mañana! ¡Que le vaya bien! &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Sinespaciado" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; text-indent: 49.65pt;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="color: white; font-size: large;"&gt;Una hora después, los zapatos fueron ceniza, entre los cables de la luz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-6159075308951017868?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/6159075308951017868/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=6159075308951017868' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/6159075308951017868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/6159075308951017868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2010/10/el-mall-de-olores.html' title='El Mall de Olores'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TMFv6Tj-eFI/AAAAAAAAA0c/7XvlAMnh4Uk/s72-c/Bernard+Dumaine.+Le+Complicazioni.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-1797703007783220209</id><published>2010-10-19T06:13:00.000-05:00</published><updated>2010-10-19T06:13:33.318-05:00</updated><title type='text'>No era tan Importante Cobrar Hoy</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TL18FRPPw9I/AAAAAAAAA0Q/Pmsp1Oc1CEU/s1600/Paul+Rumsey.+Building+Dream.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ex="true" height="145" src="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TL18FRPPw9I/AAAAAAAAA0Q/Pmsp1Oc1CEU/s320/Paul+Rumsey.+Building+Dream.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Te costará más trabajo doblar una brizna de paja&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;que a él doblar tres rieles de hierro formando haz.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Te costará más trabajo levantar y llevarte a los&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;labios una taza de agua que a él levantar un mar&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;entero, sacudirlo, agitarlo, coronarlo de espuma y&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;verterlo sobre la tierra. Muerde una montaña con&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;más facilidad que tú un terrón de azúcar. Rompe&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;tres cables metálicos trenzados con más facilidad&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;que tú un hilillo podrido. Te cubrirás de sudor y&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;te pondrás como la grana si intentas deshacer un&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;hormiguero con un palo, y él es capaz de destruir&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;toda la ciudad de un solo golpe. Levanta en alto&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;un buque, como si fuera una piedrecilla, y lo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;estrella contra la costa.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;¿Has visto fuerza semejante?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;-Andreiev.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Hubiera valido la pena quedarse en casa, bien guardado. El sábado anterior sucedieron tantas cosas que hoy, este lunes ajeno, impenetrable, no le alcanzó a nadie para nada. Ni siquiera a mí, porque me di cuenta que no existe la excusa inverosímil para salir a la calle a cobrar o venderle, al menos, un sosiego a mis clientes, o a quien fuera. El que no se aventuró por la Ruta Cinco Sur, para ir a buscar a su familia, no fue a trabajar porque se cayó el sistema. Tampoco funcionan los cajeros automáticos, los celulares. La mayor parte de mi cobranza cotidiana se hizo humo entre la cuarteadura de los edificios o un elevador que parecía péndulo de reloj antiguo; daba miedo dar un paso en cada pasillo en penumbra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Es la primera vez que no puedo meterme a la bolsa de mi pantalón un solo centavo; pero aunque lo hubiera hecho ¿de qué habría servido?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Las palmeras, por todas partes, bajo su sombra triste, reponiéndose del estremecimiento, fueron dejando una especie de rastro anónimo a quien corresponda, que yo seguí por aquí y por allá durante el día, como si me sugirieran el nuevo rumbo del jardín a la avenida hasta uno que otro parque; como el Almagro, donde está salpicado el césped hasta el asfalto, aún trémulo, de una llovizna impredecible de sus semillas color naranjo intenso, como cosecha prematura que un pulpo de mil garras hubiera sacudido; porque la naturaleza a veces crea un engendro anónimo; sin que nada, fuera de lo sensato, suceda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;En este país, a cada generación le llega el día de su llovizna de palmeras.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Una vieja, por avenida Matta, procuraba esconder su mirar a la vista de algo que fue su casa. Ese vagabundo, oloroso a su último orín de miedo, al contrario de la abuela, quiso retener para siempre la visión de las ruinas de su propia ruina, con los párpados en derrumbe, al filo de la vereda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Tal parece que hoy los automóviles guardaron más luto que nosotros, transeúntes con sicosis extraviada desde un mutismo impresionante, en el centro. Una ciudad –perdón, hubo otra réplica-; una ciudad, decía, con el silencio espinado en sus nervios; tanto que pude transportarme hasta el aullido sincero de ese perrito del vecino. Ni el mío, más nervioso que una gata preñándose; ni el par de Pastores, dos casas más allá, ni siquiera ese orejón latoso hasta la mierda; únicamente ese diminuto French Poodle, con su aullido ululante predijo lo que nadie dio por cierto que venía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;La luna estaba a punto de llenarse de zozobra, asomándose a ratos entre una delgada tela brumosa que terminó por quitarnos el sueño durante veinticuatro horas; cuando la emergencia, disfrazada de instinto, nos obligaba a voltear hacia arriba, a los lados; al foco mismo de cualquier sicología sana, porque era demasiado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;El gran paseo que la Madre Tierra nos dio, quizás haya sido involuntario. Prefiero pensar que a la Mama, al sentir que su hijo se le caía, lo agarró como mejor pudo, provocando que Chile terminara atolondrado; y que mi mejor cigarrillo de la semana, ese puchito-post, seguro que se apagó en algún rincón, cerca de la cama.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Parecía como si bajo nuestros pies pasara el caos de cada línea del metro de Santiago. La Negra me gritó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;-¡Mejor ven acá porque está muy fuerte!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Me olvidé de la televisión que detenía por puro instinto. La alcancé a ella en el dintel de la puerta, deteniéndome del marco de madera. Cada cristal que se estrellaba en el suelo era un violín más, unido al concierto, a la orquestación discorde, súbita, desequilibrada, maníaca, furiosa, sin fin. El arrastre de un pesado mueble fue el oboe que modificó el compás de nuestro baile; estrechos en un abrazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;La afonía taciturna, paz inversa, quietud en ansia, necesario reposo para invitar a la cautela de más réplicas, en prudente reserva sin contagio; porque todo esto es una especie de enfermedad personal, un virus que se desarrolla de acuerdo a como a cada uno le plazca en su temple, sus circunstancias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Es el primer día, en el último siglo, en que sólo las calles peatonales obsequiaban al oído un murmullo por lo bajo; como en el cine, cuando acaba la película, tardan en prender las luces y nadie entiende si todo fue un truco de la cinta o una ensoñación sin culpas de por medio; que solamente le permitió el derecho de expresión a uno de esos predicadores de la buena nueva; hasta el eco se le atragantaba en el paseo Ahumada; en una mano su polvorienta -¿desempolvada?- Biblia, la otra, trémula en su grito gastado, parecía pedirle una convincente explicación a su particular cosmos; donde todo sigue intacto, hasta la luna que esta noche no puede crecer más. –Allá nada ha sucedido ¿te das cuenta?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Vivo en este país desde hace dos años. No tenía muchas ganas de escribir pero bueno… &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Me gustaría que esta luna, más que concluyente en su redondez, siga así, despejada, sin argumentos para ese perrito de mal agüero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;No olvidaré aquel bufar, más que rugido. Los ocho centímetros que el eje de la Tierra se modificó, desde anteayer, me tienen sin cuidado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;Cuando pasa un auto, a medianoche, o cruje la ventana, o la cajonera, por efecto del calor-frío, en este verano que se va, a la Negra y a mí se nos sigue cortando el sueño; pero no nuestro sueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;En fin, no era tan importante cobrar hoy.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-1797703007783220209?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/1797703007783220209/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=1797703007783220209' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/1797703007783220209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/1797703007783220209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2010/10/simona.html' title='No era tan Importante Cobrar Hoy'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/TL18FRPPw9I/AAAAAAAAA0Q/Pmsp1Oc1CEU/s72-c/Paul+Rumsey.+Building+Dream.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-258684387315585568</id><published>2007-07-03T12:23:00.005-05:00</published><updated>2008-11-02T17:01:51.195-06:00</updated><title type='text'>Un Minuto</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqHWYqf_NI/AAAAAAAAAWQ/lZ7vZaldOQc/s1600-h/Un_Minuto.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083023948088605906" style="margin: 0px auto 10px; display: block; cursor: pointer; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqHWYqf_NI/AAAAAAAAAWQ/lZ7vZaldOQc/s400/Un_Minuto.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;La perspectiva es inigualable a pesar de que, irónicamente, el destino, el futuro, la suerte, el simple azar son ficticios para él.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El suburbio se le obsequia en libre naturalidad. No puede creerlo. No debe perder detalle; no olvidará un súbito segundo en toda su vida.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Inmerso en el paisaje convertido en escenario para él, espectáculo invaluable de sus sentidos. Lienzo reconciliado, a la lejanía, con lo abstracto que representa el bosquejo de ese par de avenidas paralelas, torciendo a capricho más de una vez hacia cualquier punto perdido entre edificios, arboledas y el smog. Los autos que las surcan parecen frenético hormiguero de metal, multicolor, que refleja, en intervalos de monótona sorpresa, la luz alta del sol que a la vez explota en la atmósfera; enmarcada por las nubes jubilosas ante la fugaz dicha de Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Es tan corto el lapso que su emoción no puede darse el lujo de reflexionar, de concentrarse en un punto determinado; olores y sonidos crean en su garganta, en el ambiente, un trago tan dulce, complaciéndolo lo necesario. Vasto al descubrir al fin la simetría imperfecta, a lo lejos, de su propio barrio; su vida en un suspiro impostergable; recortado en trecho alcance, a la altura de esa capilla, por las ramas más frágiles, desnudas, de un árbol viejo, despuntando ociosas a pocos centímetros del barandal, donde los párpados y la boca de Jacinto no pueden abrirse más ante el trazo de la sombra de docenas de arquitectos, firmada por un niño en cautiverio.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;La bandera nacional, en la cima del horizonte, guarda el luto de su tristeza al lucir escurrida, inmóvil en aquel mástil afilado.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Todo ha resultado un redescubrimiento intraducible.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;A sus pies, sobre la calle del hospital, en un parpadeante &lt;i&gt;zoom&lt;/i&gt; de sorpresa, no sabe si el vértigo que siente es debido a la altura, con las manos esposadas, o a lo que representan realmente las esposas, su profunda depresión al ver caminar a la gente por la banqueta sin que nadie repare en él. Los autos entran y salen de la calle angosta, angustiantes; como efímero obsequio de la vida allá afuera.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Varios chicos juegan fútbol en un parque cercano. A Jacinto le parece escuchar sus gritos; confundiéndose con las aves jugueteando de palmera en palmera, en el camellón, sobre el bulevar.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Los transeúntes que no contestan llamadas en sus móviles parecen cuestionarse a sí mismos en absoluta abstracción.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El viento ligero que inicia su jornada parece cargar con las pocas nubes más allá del lienzo; al invitar a ese gato equilibrista, gran amo del balcón, a reclamarle su presencia a Jacinto, viéndolo directo a los ojos, a la vez que maúlla de nuevo, prepotente, erizado su lomo pardo; libera al hombre de su ensimismamiento.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Una voz seca, autoritaria, pero al mismo tiempo reflejando cierta compasión, se escucha desde el interior:&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-¡Eh! ¡Jacinto! ¡Se acabó! –ve de reojo su reloj de pulsera.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Jacinto voltea despacio, abstraído aún. Sabe bien lo que la orden significa; el minuto más largo de su vida se ha terminado.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Quisiera quedarse ahí, inmóvil para siempre, junto al gato que impasible espera la retirada sin pretextos del extraño.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Los chicos siguen jugando fútbol. Las aves cantan en las palmeras. La ciudad interpreta su infortunio.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El esposado desfila junto al recio policía custodio, quien lo observa como si descubriese de pronto un milagro sujeto a su propia muñeca; a su pasado.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Jacinto nunca logró planear unas vacaciones como todo el mundo, unos cuántos días al año. Primero fue el exceso de trabajo, la bonanza, el cumplimiento del deber y el pago del amparo; luego la falta de dinero, la quiebra. Las deudas le ordenaron mentir para hacer realidad el sueño de los suyos; pero terminó cometiendo ese pequeño error que lo hace comprobar ahora, después de los primeros cinco años de condena, que la eternidad de la ciudad Lux suele conjugarla uno que otro afortunado en tediosas estaciones a la sombra.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Acaba de firmar la paz con un mundo que difícilmente reconoce la libertad en el chasquido de unos dedos: el policía custodio cierra contundente la puerta de cristal del balcón; amotinándose en la mente de Jacinto tanto recuerdo que creía olvidado en los alrededores de su capilla.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-Me parece injusto que el médico me haya pesado con las esposas y la cadena puesta. ¡Te aseguro que si hubiera ido al baño antes, pesaría, mínimo, dos kilos menos de lo que anotó el doc!&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-¡Pinche Jacinto! ¡Si sigues así no volverás a ver nunca la ciudad! –ríe de buena gana el custodio amigo; sigue la broma del reo sin perder detalle de su caminar inseguro, enfermo; avanzan ambos por el pasillo en penumbra hasta llegar a la celda, a esa eterna morada, dueña del destino en futura suerte al azar.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;La reja se cierra en un eco que duele, activándose automático el cerrojo ante la curiosidad sigilosa de uno que otro preso vecino. La voz de las palmeras se adormece en el convicto.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-Ni una palabra a nadie, ¿entendido? –le susurra el policía al más afortunado de los prisioneros.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-¿Cuándo volveré a verla? –pregunta a media voz Jacinto; macizo su puño en los barrotes de acero que su mirada parece iluminar.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-family:lucida grande;font-size:100%;"  lang="ES" &gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;-No lo sé,... no lo sé –evadiendo la mirada del recluso se aleja despacio.&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Debe entregar ahora mismo el informe al alto mando.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-258684387315585568?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/258684387315585568/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=258684387315585568' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/258684387315585568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/258684387315585568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/07/un-minuto.html' title='Un Minuto'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqHWYqf_NI/AAAAAAAAAWQ/lZ7vZaldOQc/s72-c/Un_Minuto.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-6009645336753962821</id><published>2007-07-03T12:21:00.001-05:00</published><updated>2008-11-02T17:03:10.223-06:00</updated><title type='text'>No se Culpe a Nadie de mi Muerte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqF2oqf_MI/AAAAAAAAAWI/rLsK3nYBz-A/s1600-h/No_se_culpe_a_nadie_de_mi_muerte.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083022303116131522" style="margin: 0px auto 10px; display: block; cursor: pointer; text-align: center;" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqF2oqf_MI/AAAAAAAAAWI/rLsK3nYBz-A/s400/No_se_culpe_a_nadie_de_mi_muerte.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Pero es que no hay manera, señor mío! ¿Hace falta que se lo explique en arameo? –sube el tono de su voz ronca la mujer madura– ¡Por el alma de mis nietos! ¡Llevo veinte años trabajando aquí y es la primera vez que me sucede esto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Póngase por un momento en mi lugar –lo intenta por enésima vez, el tozudo hombre de aspecto sencillo, inocente, simple; tan simple como su chamarra de mezclilla que lo abriga hasta la cintura en su corta talla; dibujando apenas el esbozo de lo que fuera una abierta, emocionada sonrisa tres minutos atrás–, si paso estas palabras a un papel, siento que perderán por completo su significado, les añadiré una coma, así como no queriendo la cosa, pensando que de esta manera ganará en énfasis, usted sabe. Luego, seguramente vendrán los sinónimos y la fonética. ¡Por favor!, ¡acepte usted el mueble! Total, podrían colocarle el sello en la parte posterior o incluso sobre la frase; por mí no habría ningún problema –encogiéndose tímidamente de hombros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Eh… disculpe la intromisión, caballero&lt;span style=""&gt;                   &lt;/span&gt;–interrumpe la disputa en la fila un desconocido de gabardina negra, que abraza con ternura tres breves ejemplares empastados, detrás del pintoresco individuo que se empeña en convencer a la empleada de la oficina de Derechos de Autor–, si no he entendido mal, ¿desea usted tramitar… alguna clase de derechos sobre… ese &lt;i style=""&gt;buró&lt;/i&gt;? –clava su vista curiosa en el singular enser, reducido a una diminuta puerta sin molduras y hasta sin manija; siente la necesidad de asomarse por ese huequillo redondo que alguna vez albergara una chapa, ahora ligeramente astillado, entre barniz quebradizo; mientras se desabotona la gabardina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Claro que no! –responde con el último aliento de su sonrisa el aspirante al registro–. Yo solamente deseo el certificado que me conceda la autoría de mi frase –coloca el buró en el suelo (además es cojo), señalando pusilánime la dichosa oración, literalmente grabada en la parte superior de la vieja madera del buró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Hasta la dama se pone en pie para asomarse con cautela, a través de la ventana. El creador de la frase siente orgullo; el fulano entrometido se sorprende, no tanto del concepto, sino de la habilidad del otro por plasmar con cierta claridad ese puñado de letras, diminuto y chueco sobre el pequeño mobiliario; confundiéndose una “R” con un par de “pes” minúsculas en tipo y tamaño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Vaya vaya… ¿usted labró esto? –pregunta con descaro el de la gabardina, aguzando su larga nariz de gavilán y esos ojos miopes de lechuza trasnochada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Así es –responde el proyecto de artista; hinchándose ahora de orgullo, a pesar de no sentir mucho ánimo para transformar su rostro insulso, alargado y triste, en al menos un gesto de esperanza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Pues lo felicito. Hace falta mucha paciencia para lograrlo. ¿Qué usó?, ¿formones?, ¿gurbias? Debió necesitar también un delicado martillo de tapicero –agachándose aún más para asegurarse si aquello que intenta enfocar son simples letras o una extraña fórmula extendida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–No. Solamente un cuchillo, un cuchillo de mesa. Eso sí, bien afilado –afirma, satisfecho de su obra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Y… dígame… ¿qué significa? –parpadea sin descanso, inclinado sobre sus rodillas; intenta adivinar la identidad de un cero que quizás sea una O.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¿Pues qué no lo lee? –un poco molesto responde el autor, para luego pasar la vista por la frase, recitándola con cierta afectación:– “El sentido del humor es más importante que tener amigos, mujeres o dinero, pues al poseerlo, los otros tres se darán por añadidura”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Poco a poco asimila el varón intrigado que eso que parecía el símbolo de raíz cuadrada, es la patética tilde de una letra Ñ al borde del barranco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Yo no tengo ningún inconveniente en recibir su obra –interviene la oficinista, quien a pesar de tener una apariencia amable, en este momento luce un tanto desencajada, colocándose una vez más sus coquetos anteojos, de nuevo sobre su silla giratoria, alternando la vista entre ambos sujetos–; bastante trabajo le habrá costado al amigo haberlo logrado, lo reconozco y admiro su labor en la talla de maderas; ¡pero hombre!, ¡siempre y cuando la presente como todo el mundo!, ¡un escrito con valor literario debe entregarse en papel y por duplicado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Es que usted no comprende! ¡Yo…!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Sí, sí! ¡Ya sé! ¡Las comas y la fonética! –interrumpe la dama madura al necio y chaparro dueño del buró; provocando que el fisgón de la gabardina dibuje una divertida mueca, risilla que dirige a las cinco o seis personas ya inquietas, en fila detrás de él, para luego retornar la mirada morbosa sobre la frase casi rupestre; al mejor estilo del forense que elucubra pretextos con el fin de desenmarañar el enigma del cadáver a sus pies. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–De haber contado con una sólida orientación escolar –dice al aprendiz de tallador–, y sobre todo una clara idea de mi vocación, allá, en mi lejana juventud, lo más probable es que ahora yo sería un simple siquiatra, y como tal, en lugar de venir a registrar mis poemas, estaría recitando alguna hipótesis para resucitar el sicoanálisis; usted sería un excelente conejillo de indias en mi afán de debatir sobre el alcance de la originalidad en relación con la autoestima; pero como un iluso escritor frustrado, le digo que, frases con menor fuerza que la suya, se han convertido en proverbios de generaciones enteras… “El sentido del humor… es más… ¿importante?... que tener amigooos… ¿mujeres?.... ….. o d-di-dinero, pues al mmmm mmmm mmmm...” –termina de leer la sentencia del buró, en silencio, mientras la burócrata parece desesperar–. Me gusta, me gusta. Me agrada usted. ¡Tiene un sarcasmo impresionante!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡A ver! ¡Se pueden dar prisa ustedes! ¡Tengo que regresar a mi trabajo! –se queja una chica, molesta de ver la fila sin avanzar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Sí, ande! ¡Vaya a su casa y escriba eso en un papiro si lo desea! Le puede anexar una fotografía del buró, si tanto significa para usted –se une otro al reclamo, con bufanda enrollada en el cuello y hasta guantes; a pesar del aire acondicionado en la oficina; mientras el resto de las ventanas y en general el personal laboran normalmente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Es más –añade una tercera voz, el subalterno que atiende al público, al lado de la mujer madura, el clásico gracioso que nuca puede desayunar a gusto, si antes no ha dicho una de sus frases célebres; dirigiendo su boca de guasón al propietario del buró–, le prometo hablar hoy mismo con el director, para que enmarquen la fotografía en el archivo. ¡Jajaja!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Su risotada sólo encuentra acomodo en el sorbo de café que, con disimulo, mezcla la mujer que atiende al par de excéntricos, con un guiño de mala gana, como diciéndole al gracioso “por favor, no empieces tan temprano”…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El hombre de la gabardina toma del codo izquierdo al contrariado aspirante, susurrándole al oído:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–En verdad es usted original. No sólo creo que sea de su autoría la oración; demuestra, además, valor al venir hasta aquí con este cuadroide de madera… “El sentido del humor –vuelve a leer, más fluido, sobre el buró– es más importante que tener… amigos, mujeres o dinero… … …”. Amigo mío –extendiéndole su mano, de espaldas a la fila–, le ofrezco mi amistad. Ellos –alza la voz, refiriéndose a la gente detrás– sólo vociferan frustración, escuche su protesta hueca, exigiendo ser atendidos de ipso facto; clásico de quien, con la mofa injustificada, logra desahogar su soledad. Su osadía –sigue el de la gabardina; sin percatarse de que las largas uñas color rojo caramelo, de la empleada, simulan la cabalgata de un caballo desbocado– me recuerda a otro viejo amigo, el cual leyó únicamente un libro en su vida, pero le bastó para escribir sus memorias. En cambio su frase denota un ingenio y agudeza genuinos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Ya! ¡Me tienen harta! –explota la burócrata, apoyada por el resto en la fila–. ¡Usted se va con su mueble a otro lugar y usted ya deje de abrazar esos poemas; pásemelos para darles trámite!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Ante semejante orden, el hombre se arremanga la chamarra de mezclilla, muestra la desnudez de sus frágiles brazos, carga con su buró y una profunda resignación; al imaginar sus sueños a futuro impregnándose de una sintaxis militar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Sólo dígame una última cosa –añade la vieja oficinista, provocando que el pobre tipo voltee, buró en manos, antes de marcharse–, ¿por qué?, ¿por qué no en papel?, ¿por qué no con un bolígrafo al menos? –con cierto tono piadoso en su voz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Porque yo nunca escribo –responde rápido, sincero–. No tengo necesidad de esas cosas –se siente un desgraciado al que el mundo le niega todo de tajo; levanta su mirada cohibida, hasta encontrar la de la señora; provocando que el chistoso de al lado dibuje esos patéticos hoyuelos a cada extremo de su boca de bufón al preguntarle:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Pero ¿por qué la miras así? ¿Acaso mi jefa te provoca miedo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Eh… bueno, el que no se ponga nervioso al estar al lado de ella, no debe ser un hombre –responde de nuevo, viendo tímido a los ojos de la mujer, los cuales se abren con gran sorpresa, halagados:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡Por el alma de mi difunto esposo! –chilla su voz rasposa con toda la coquetería y maquillaje de sus arrugas–. ¡Después de semejante cumplido, si tuviera veinte años menos no dudaría en irme con este tipo! –a punto de verter su café sobre los anteojos que se retira de nuevo, ruborizándose ligeramente–. ¡Un hombre con sentido del humor!, ¡qué maravilla! –grita la mujer sin importarle nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;En verdad conmovido, con sonrisa paternalista, interviene el poeta, quien coloca al fin su obra a disposición de la dama encantada, misma que lo ignora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–Caballero, usted es como las hormigas, capaz de cargar con el prójimo; pero se empantana en una gota de agua. Entró aquí con un buró vacío y se lo lleva con un amigo y el recuerdo de una mujer. Le faltó un paso para convertirse en profeta…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–––––––––––––––––––– &amp;amp; –––––––––––––––––––&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Hace frío en la calle. El solitario empastado, con el sello de propiedad intelectual, lo luce con orgullo, bajo el brazo, su dueño; satisfecho de poseer una obra inútil más en su colección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Camina pavoneándose entre la gente, hasta llegar a una esquina donde un triste payaso, no sólo por su maquillaje que solloza, lamentable; además esa postura de derrota sin remedio, parece descansar su fatiga en un poste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;No cesa el tintineo de monedas cayendo dentro de su sombrerucho de tela, que sostiene con su mano sucia, enguantada; contrastando sus holanes multicolores hasta forrarlo de tobillos a muñecas; cada zapatote luce enlodado. Pero sobre todo, con ese par de cartelones que le cuelgan de pecho y espalda, unidos en la parte de arriba por un frágil bastidor a manera de chaleco, atado en los costados. Cada uno de los cartelones tiene inscrito con letra impresa: “No se Culpe a Nadie de mi Muerte”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: lucida grande;" lang="ES"&gt;El payaso, flaco, larguirucho, se da un suspiro, cambiando de pie de apoyo y de mano, para aguantar el peso de las monedas que siguen cayendo en el sombrero de tela, a punto de romperse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-6009645336753962821?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/6009645336753962821/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=6009645336753962821' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/6009645336753962821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/6009645336753962821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/07/no-se-culpe-nadie-de-mi-muerte.html' title='No se Culpe a Nadie de mi Muerte'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoqF2oqf_MI/AAAAAAAAAWI/rLsK3nYBz-A/s72-c/No_se_culpe_a_nadie_de_mi_muerte.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-5956214855928710590</id><published>2007-07-03T12:19:00.003-05:00</published><updated>2008-11-02T17:10:33.658-06:00</updated><title type='text'>El Helicóptero</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ4zYkV8e9I/AAAAAAAAAks/_N8GFpElbPs/s1600-h/cubismo.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 232px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ4zYkV8e9I/AAAAAAAAAks/_N8GFpElbPs/s320/cubismo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264201511608286162" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Hace tanto calor que termina por desnudarse; avienta el pantalón de mezclilla en algún rincón, su polera sobre esos cables asomando más allá de la terraza, entre las ramas de un enorme árbol repleto de tordos que duermen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Barry White parece fatigado de repetir su recital al menos en cinco ocasiones. La ciudad en reposo le brinda el ulular de una ambulancia, asonante con el murmullo de unos pocos automóviles y el ladrido frenético de más de un perro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;No necesita más. La noche es plena, despejada, calurosa como un horno en espera del futuro banquete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Pero no todo es armonía. Ya se escucha aquel helicóptero aproximándose desde mar abierto; provocando que su cuerpo frágil, pálido, se estremezca con el vertiginoso vistazo hacia la terraza: ¡Dónde demonios están las luces de la nave! ¡Desde qué ubicación viene el ataque!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;–¡Por qué nunca me dejan en paz! ¿Acaso no tengo derecho a intentarlo? –grita, en la posición de un simio barbado que defiende lo suyo, sin saber si su tesoro de molinos es de este mundo o si existe aquel mundo y tal tesoro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Una cosa es cierta: el helicóptero se acerca. Esto significa que tiene que apresurarse, debe al menos dejar un esbozo; sin reflexionar que es la primera vez que lo intentará.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Para comenzar, elige la pared frente a la dura cama que al final de la madrugada le servirá de sosiego a su osadía. El primer trazo es torpe, ligeramente curvo, debajo de la televisión atornillada a la repisa. Una segunda línea está a punto de proponerle que el surrealismo de una cruz merece el mínimo de clase.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Vagas señales enmarcan la inauguración de la epopeya; mientras el helicóptero&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;lo sobrevuela, pero nadie parece advertir su estridente presencia en lo alto. El hombre se limita a sentir el sudor resbalar por su cuerpo, a horcajadas; no se atreve a voltear hacia la terraza ni a perder detalle de su obra, que ahora observa con pasión desde la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Le parece haber creado, sin habérselo propuesto, la furia de un toro de lidia que embiste el capote ligeramente cuadroide, para expresar con propiedad el viento ligero que baja por la colina, como abanico extendiéndose hasta el ruedo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Durante un lapso indeterminado se proyectó en cualquier circunstancia fortuita de su vida; inventa dos o tres anécdotas; también concibe otra excusa innecesaria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;¡No hay tiempo! Regresa a la pared, delinea sus dedos más allá de la puerta del baño, con la respiración entrecortada al plasmar un perfil inusitado que lo orilla a trasponer imágenes; intuye que los espías ya bajan por la escalera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Le duele la pierna izquierda, al igual que la planta de los pies repletos de cadáveres de hormigas y hasta una diminuta cucaracha, camuflada entre el polvo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Las rodillas le crujen al momento de retroceder con torpeza, encontrándose a manera de mural con la idea plasmada al fin.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;La pintura parece azular sobre esa pared blanca, salpicada de imperceptibles manchas de sangre y hasta un par de alas de mosco que, poco a poco, son arrasadas por&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el vendaval de las hélices.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Le satisface su creación. No se trata de un bosquejo planificado. Es su originalidad en pleno, originalidad intuitiva, podría decirse; improvisación anímica en su máximo nivel, expuesta sin fórmulas de por medio, con señal abortiva desde el momento en que le cortaron el cordón umbilical. Lo firma. Lo ama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;El sol de la mañana reflejado entre las ramas del árbol, más allá de la terraza, le obsequia aquel toque melancólico a la pared animada hasta donde la estatura del hombre le ha permitido y su propia imaginación sin bozal se atrevió: caos de cruces asimétricas en alegoría que, seguramente más tarde, la camarera sabrá apreciar mientras despercuda, con agua y jabón, el borde del suelo de ese frenético goteo en color negro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Los tordos hacen su escándalo entre las ramas del árbol. El artista no advierte el vuelo pesado de dos moscos con el abdomen repleto de su propia sangre, en busca del frescor y el sueño debajo de la cama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;A pesar de lucir impecable a sus cincuenta años, dentro de ese traje de medio uso, le incomoda tener que salir a la calle con el bigote entrecano, tanto como el grueso pelambre rebelde de sus patillas y el que asoma en una oreja, pareciendo flotar en el diminuto espejo del baño que refleja su mirar enrojecido. Termina de peinarse con una expresión de paz digna de quien ha logrado arrancarse una alucinación; olvidar su tormento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Si al menos no sintiera la garganta tan árida, reseca; y es que el agua de la jarra tuvo que utilizarla para diluir un poco más el tinte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Quisiera cargar con el pedazo de pared para mostrárselo a su esposa, a sus hijas; presumirlo ante ese vecino intransigente que se obstina en burlarse de él por el simple hecho de pasar los domingos en su azotea, proyectando inmortalidad entre ladrillos y adoquines.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Antes de salir del cuarto revisa el portafolios, asegurándose de tener las pólizas en orden. Al momento de apagar el ruidoso ventilador de techo, advierte el zumbo de otro mosco, mimado por el bochorno del Golfo de México y cediendo ante las aspas, después de diez horas de frenético girar, hasta detenerse en un escalofriante rechinido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;Silencio… al fin silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;La puerta del cuarto se cierra, cargando el hombre con su maleta y el pequeño portafolios lleno de cobranza ajena. Su estado de ánimo lo invita a bajar la escalera tarareando alguna melodía, al momento de entregar la llave, liquidando el servicio, aún con las uñas manchadas de ese tono que lo ayuda a no evidenciar su época de fracaso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="text-indent: 36pt; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:11;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Un par de tordos se posan en un cable, sobre la camisa, maculada por las gaviotas del verano. La camarera no sabe si marcar a la recepción del hotel o a la policía. Quizás lo mejor sea tirarse sobre la cama intacta, para lograr el mejor ángulo de “eso” que la fascina, sin tener la menor idea del neo-cubismo en perfecta perspectiva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-5956214855928710590?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/5956214855928710590/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=5956214855928710590' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/5956214855928710590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/5956214855928710590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/07/el-helicptero.html' title='El Helicóptero'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ4zYkV8e9I/AAAAAAAAAks/_N8GFpElbPs/s72-c/cubismo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-5190245260146361974</id><published>2007-06-30T13:36:00.002-05:00</published><updated>2008-11-02T17:13:24.459-06:00</updated><title type='text'>La Mancha</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoajA4qf_JI/AAAAAAAAAVw/KLoY12VgJtQ/s1600-h/La_mancha%5B2%5D.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081928465140153490" style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoajA4qf_JI/AAAAAAAAAVw/KLoY12VgJtQ/s400/La_mancha%5B2%5D.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: lucida grande;" lang="ES"&gt;Sus pies hinchados de tanto deambular por &lt;st1:personname productid="la Alameda" st="on"&gt;la Alameda&lt;/st1:PersonName&gt;, apenas caben en los zapatos rotos, exactamente por donde respira a perpetuidad el callo punzante; sobre todo cuando descansa, frente a la vitrina, cada tarde, a la sombra del techo plegable, preferido por él cuando extiende su frescor hasta el pavimento. –El techo ha olvidado escurrir la lluvia y la lluvia, las flemas del viejo por más de tres meses. Lo distrae un rato y deja de seguir ofreciendo cheques al portador, con el amparo de la suerte; pero sobre todo, de &lt;st1:personname productid="la Loter￭a Nacional." st="on"&gt;la  Lotería Nacional.&lt;/st1:PersonName&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Sus ojos dejaron de ser confiables de tanto verse en apuros. Ahora son unas gafas que escurren hasta la punta de su gruesa nariz las que lo alertan ante quien quiera canjearle un billete por cheque sin fondos o su pan a cambio de muy poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El resto de los sentidos reconocen no sólo el linde y edad de toda moneda, olores o acertijos de pájaros de cuenta, capaces de violar cualquier nido con tal de hacerse de dinero fácil; siempre listo de espantarse un pajarraco de mala muerte, a punta de bastonazos a la menor provocación de su tacto audible, diestro al guiar cada paso tartamudo hasta aquel cuarto de azotea, al fin sacarse los zapatos, el andrajo colgando en idéntico matiz al rostro abotagado; mientras, el corazón se le sale por lo pies.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El sol, reflejado en el cristal, al cegarlo lo vuelve a la vida. El ansia de confort insiste en abstraerlo, pensando cómo hacerse de ese par de zapatos sin que nadie lo advierta; sobre todo los buitres al asecho de su botín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;A medio crepúsculo suele colocarse frente ellos. A fuerza de costumbre se ha convencido, enfocando inútilmente los delgados anteojos, de que son de su exacta medida, quizás un número más grande, para beneplácito de la monstruosa callosidad; y por supuesto que se encuentran en mejor estado que los suyos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Le atrae sobremanera el moño que forman ambas cintas, como si el par coqueteasen con él: “ven, tómanos, te estamos esperando”; mientras lanza dos o tres muletazos, espantándose las moscas que se turnan para alimentarse del viejo como sanguijuelas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Con mucho tiento, para que nadie lo descubra, el desgastado hombre desliza el bastón armándose de paciencia infinita, paso a paso, imitando al caracol que parece seguir inmóvil a lo largo de las horas, a pesar de haber devorado la planta de pies a cabeza; sin perder de vista los zapatos que siguen llamándolo, a través de la apetitosa transparencia del cristal. Algo le dice que si no lo intenta hoy, mañana será demasiado tarde. Seguramente no es el único que los desea, que los necesita, que está dispuesto a correr el riesgo a pesar del peligro latente; y es que el bello corte estilo mocasín, con florituras en los lados y el tacón tan perfecto, lo cautivaron desde un inicio. Las semanas se convirtieron en meses y los meses en necesaria obsesión, para olvidarse de una vez por todas de esa burlona mueca formada en cada una de sus chanclas horrendas, que hasta la suela arrastra al caminar por el Zócalo, gritando sus billetes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;La punta metálica del bastón, con cientos de abolladuras, al fin logra introducirse en uno de los rodetes del moño, entre jadeos del viejo, manipulando la operación secreta con sus ojos saltones, a más no poder jalar aire; a punto de perder el equilibrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Ya no hay marcha atrás. Los zapatos deben ser suyos hoy mismo; de lo contrario, bien presagia la consecuencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El caos citadino provoca que su mente se aísle del entorno, incluso sus oídos silban en ascendente. Es un soldado dispuesto a llegar antes que sus camaradas al pillaje, a la rapiña absoluta entre bombas del enemigo. La bisagra gira en silencio. Tiene medio abdomen más allá de ese espejo de sorpresas. El callo lo martiriza con una punzada no deseable al adversario que sigue lanzando granadas desde su trinchera, incitando al anciano a un último esfuerzo, a sacudir la lengua asquerosa al sentirse tan cerca del manjar; no obstante su escasa y desgastada dentadura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Un gesto malicioso, que se podría interpretar como sonrisa cansada, puja lo suficiente para que el bigote relamido y las lanas de su barba se tornen grisáceos en el momento en que el sol termina de ocultarse en el último edificio. El bastón logra al fin que los zapatos se muevan. Hasta este momento ningún transeúnte parece advertirlo, aumentando la emoción del abuelo. Penden apenas de la punta de metal, ante el pulso inseguro y su rostro en ambición. La mano derecha apoyada, a punto de resbalar junto con todo ese cuerpo regordete, desparramado, oliendo insoportable; con gran peligro, en cualquier momento, de convertir la osadía en simple anécdota policíaca en la última página de los diarios de mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;No puede más. Tiene que decidir ahora mismo entre dar la vida en nombre de la presa o salvar la propia vida. La cabeza calva le da vueltas. Le parece sentir una aguja atravesando el dedo pulgar de su pie. Sus brazos ceden, al igual que los brazos de un árbol atiborrado de fruto, de lluvia, de cuervos, contra la voluntad del huésped.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Pero las cintas del calzado resultaron estar tan enredadas que, más que su bastón, lo que necesita son dos pares de palillos chinos, una lupa y hasta tres pinzas de cirugía, para desmadejar el laberinto en el laboratorio de un siquiatra versado en nudistas: su prominente panza negruzca, apestosa, ya es observada en la calle por los curiosos que se alarman, más allá de lo permitido por el manual de buenas costumbres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;¡Se va a caer!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Fue impostergable una llamada anónima de emergencia a la policía. Las televisoras enviaron equipos al lugar, con la esperanza de tener la edición antes de las nueve de la noche; pero ninguna de las cámaras de tonalidad amarillenta logró el enfoque a tiempo del par de zapatos desbarrancándose contundentes, en línea recta, desde la azotea del edificio de tres niveles, hasta que rebotaron sobre el pavimento desgastado a mordiscos por la lluvia y el tiempo; luego de abollar ligeramente el cofre de un vetusto auto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El viejo, aturdido en su desesperación, al último instante se concentró, sobre todo, en el fugaz silbido de un largo tramo de cinta de video que se encontraba enredada, a la vez, entre la cinta podrida de los zapatos, que sólo necesitaban de un sublime intento para liberarse de su condena; de la carga de años en que permanecieron colgando entre los cables del telégrafo, en pleno centro de la ciudad. Cables que se colman, cada tarde, de pajarracos en espanto ante el bastón que el viejo apenas logró salvar en la ventana, con el semblante enfermo. Expresión comparable a la del soldado que levanta las manos, pidiendo piedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Es cierto, el noticiero de la noche aumentó su audiencia; al menos comparada con la del culebrón –telenovela de moda; y eso que ayer se decidía la suerte del protagonista: en el último capítulo su amante le había ofrecido raudal de tesoros en cheques al portador, con el amparo de su futura viudez. Un segundo más tarde, te invitaban a comprar toda la gama de artículos que podrías adquirir si te ganaras &lt;st1:personname productid="la Loter￭a Nacional." st="on"&gt;la Lotería Nacional.&lt;/st1:PersonName&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Las imágenes en el noticiero resultaron, hasta cierto punto comunes, aburridas, nada fuera de lo ofrecido cotidianamente: el anciano les gritaba a los niños allá abajo que esos zapatos le pertenecían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;–¡No se los roben, hijos de puta!, ¡son míos!, ¡de &lt;i style=""&gt;naiden&lt;/i&gt; más que míos! –sintiendo el rostro inflamado y lo poco que quedaba de su mirada entre lagrimones de impotencia; mientras, los chicos lanzaban el par una y otra vez a las alturas, encantados, después de atar entre sí de nuevo las cintas. Inadvertido el rancio personaje, desde la terraza que seguía gritando con voz gruesa, amenazante, desesperada; tan sólo deseaba interpretar, con su corta vista, el carnaval allá abajo; sin falta el aderezo a la escena inconclusa con transparentes salivazos, cuya consistencia y espontaneidad hizo por un momento pensar, a uno que otro testigo, en la tan anhelada primera lluvia del verano. –Y sea recordado, cómo no: el aplauso del respetable público, aquella tarde calurosa, que le obsequiaron al valiente bombero; soportando bastonazos en su espalda, bajó con el viejo a cuestas, desnudo de todo pudor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;El par de zapatos se encuentran de nuevo colgando, por cuenta y riesgo de un niño; al repetir de esta forma la epopeya de sus padres; con la única diferencia de servir ahora como espantapájaros en la acera de enfrente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;––––––––––––––– &amp;amp; –––––––––––––––&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Ajustándose los anteojos, sin perder de tacto los billetes y su cena, al anciano le parece que esta tarde el cristal de la vitrina de la zapatería tiene una mancha que no había advertido antes; ubicada, tomando en cuenta el ángulo desde el que disfruta de su cotidiano descanso, un poco a la derecha del ventanal de su vivienda, en aquella oscura solana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;" lang="ES"&gt;Se descalza, pausado. El bastón rebota varias veces sobre el cemento, en su tímpano; ante la indiferencia de la gente, que sigue corriendo frenética en busca de sus propios sentidos; sin imaginar que el abuelo los capturó en esa extraña mancha apenas palpable, rasposa como lija en su yema endurecida. “Verdosa, gelatinosa...” –parece murmurar algo entre risillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Garamond;" lang="ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: lucida grande;"&gt;El bigote humedecido se abre en abanico ante lo que podría interpretarse como franca sonrisa pícara; mostrando a quien quiera ver los últimos tres dientes masticar con delirio el pedazo de pan.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-5190245260146361974?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/5190245260146361974/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=5190245260146361974' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/5190245260146361974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/5190245260146361974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/06/la-mancha.html' title='La Mancha'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/RoajA4qf_JI/AAAAAAAAAVw/KLoY12VgJtQ/s72-c/La_mancha%5B2%5D.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-3277628583017602553</id><published>2007-06-30T13:35:00.002-05:00</published><updated>2008-11-02T17:20:20.374-06:00</updated><title type='text'>La Red</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ41jPwp21I/AAAAAAAAAk0/a5HD_iJC3I8/s1600-h/barra-bar-isaias.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 275px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ41jPwp21I/AAAAAAAAAk0/a5HD_iJC3I8/s320/barra-bar-isaias.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264203894084983634" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–La vida es una mierda –afirma, de algún modo vencido por la circunstancia, el escritor anónimo, dirigiéndose a cierto hombre de negocios, con quien comparte de manera casual la botana en la barra de un bar, atiborrada de toda clase de especímenes en sedienta desfachatez civilizada–. Uno siempre debe esperar más de los amigos que de la propia familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mmm… le diré –responde taciturno el negociante, que alterna su mirar evasivo entre el interlocutor y el cantinero al pedir con ese rápido, estudiado ademán de su índice derecho, otros dos tarros de cerveza oscura–, yo más bien pienso que, en lo mío, en el comercio, los extraños siempre le dejan más a uno que la amistad o hasta la familia; y no me refiero solamente a dinero. Quizás esto se deba –sigue el comerciante, luego de hacer una pausa incierta– a que siempre resulta más fácil conocer la verdad de un fulano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Después de un profundo sorbo, pintándose un bigotillo que se limpia desdeñoso, el escritor clava su mirar inquisitivo en las pupilas del tipo acaudalado, atreviéndose a decir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Un fulano… como yo, supongo? –siente la alusión por aquel comentario astuto del tipo que, a pesar de todo, no parece hacer de lo prosaico una de sus mejores virtudes; puede decirse que goza de cierto refinamiento al acomodarse sobre la madera opaca de la barra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Uno y otro se encuentran estimulados ligeramente por el alcohol que desde hace poco más de una hora ingieren; el escritor le lleva un tarro de ventaja, por haber llegado al antro quince minutos antes. Uno de ellos intenta olvidar por un rato la incomprensión que el mundo le obsequia; el otro simplemente sigue disfrutando del regalo cotidiano que representa una jungla, en la cual él siempre lleva un zarpazo por delante. Los dos en ese punto idóneo emocional; no les estorba ni les apetece la música con cierto volumen molesto; o aquellas tres chicas que por permanecer en su rincón, su belleza explícita más atrae a los clientes en el rumor de vasos, el dominó y risa&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sin tregua, en otro viernes por la tarde en el centro de la capital, siempre al asecho del mínimo traspié, otorgado en cándida bondad para amanecer fotografiado en &lt;i style=""&gt;close-up&lt;/i&gt; de ojeras cómplices, en la nota roja de algún diario, la mañana siguiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Hasta antes del último comentario del amante del metálico, el pobre autor –dicho en todos sentidos– hubiera querido decirle a su eventual confidente que le habría encantado nacer en cierto período del Renacimiento, donde las cosas no se rigieran con preponderancia por el dinero; o mejor todavía, en &lt;st1:personname productid="la Atl￡ntida" st="on"&gt;la Atlántida&lt;/st1:personname&gt; ideal del sentir humano. Por su parte, al capitalista le habría dado lo mismo haber tenido que inventar el trueque durante &lt;st1:personname productid="la Edad" st="on"&gt;la Edad&lt;/st1:personname&gt; de Bronce o practicarlo, espada en mano, en un galeón español. De cualquier forma y circunstancia él siempre ganaría; y no sólo riqueza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ande, siga bebiendo y deje de lamentarse tanto –intenta animar un poco al artista, sacudiéndose con aire sobrado ese polvo de cigarrillo que ha caído en la solapa de su saco gris, como consecuencia de un ligero titubeo de sus labios, al evadir la pregunta del fulano–. La vida es como esta cerveza –prosigue el rico comerciante, pausado pero comiéndose ya una que otra sílaba–: un grado más apasionada de lo que le parece. Sus enemigos, si se atreviera verdaderamente a tenerlos, se lo confirmarían tal y como se lo he dicho a usted.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Como buen novelista –que a final de cuentas es cierto, es un desconocido buen novelista; cavilando inteligencia, a cambio de la picardía del acaudalado–, intuye de inmediato el trasfondo absoluto de la conversación:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–A ver, a ver… vamos por partes –dice, cerrando círculos a su alrededor, decidido; a la vez que, con un palillo de madera, ensarta otro bocado de ese pulpo en su tinta–. Usted afirma que las personas extrañas… eh, los extraños, frecuentemente, quiero entender, le dejan mayor provecho, de diversa manera, que un amigo… si es que se ha atrevido a tenerlos en el transcurso de su vida –esta última frase es en extremo sarcástica, pues el billetudo pasa de las cinco décadas; en tanto el prosista rebasa los cuarenta–; y hasta su apreciable familia –ahora elabora una corta caravana sobre su banquillo, a tal grado que se ve en la penosa necesidad de tener que montarse de nuevo en él, trastabillando–; pero, ¿y sus enemigos? Quiero pensar que usted, caballero, sí se ha atrevido a esa cosecha, tomando en cuenta a tanto fulano en potencia que pulula por ahí. Dígame, de sus enemigos, ¿qué provecho ha sacado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ufff! –bufa el comerciante, al tomar una servilleta para limpiarse el sudor del rostro–. Ya lo dijo Vito Corleone, en El Padrino: “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos” –esquiva de nuevo otra pregunta el millonario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;A pesar de que la conversación comienza a caldearse y una de las tres chicas desfila, pavoneando su carrocería desde el rincón hasta un extremo de la barra repleta, a espaldas del escritor, quien la olfatea interesado, ambos personajes mantienen el buen ánimo. Es más, el escritor comienza a sentir alivio en sus hombros, de esa&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;carga que lo obliga a caminar a diario ligeramente corvo, abstraído, la ruidosa monotonía de las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;calles aledañas a la cantina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Quiero pensar –arremete el escritor, rozando la línea de la ebriedad– que uno que otro extraño, con los cuales ha compartido copas en muchos sitios, en muchas ciudades, pudo convertirse, con el menor pretexto, en enemigo de cabecera para usted –se da cuenta, tardíamente, de que el hombre de negocios apenas retorna de la letrina, intentando cerrarse el &lt;i style=""&gt;zipper&lt;/i&gt;, ante la risa simulada de la chica que lo ve pasar indiferente, hasta instalarse de nuevo en su respectivo banquillo; aunque no con la misma gracia en sus modos. Coloca su calzado, con buen lustre, en el descanso de la barra; a diferencia del artista, cuyos tenis melancólicos cuelgan su inquietud como las piernas de un espantapájaros roto por el invierno, cómplice de la palidez de sus facciones atornilladas, sin faltar ninguna, en ese rompecabezas de emociones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Le diré algo –habla el tipo mundano, eructando con los poros de su rostro abotagado por la cerveza–, creo que es usted quien echa mucho de menos a un extraño, pues si no me equivoco, algún amigo y hasta su familia siguen siendo insólitos en su vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Los extraños no me interesan –responde el autor, excitado, dispuesto al debate–. ¡Cómo se le ocurre pensar eso! Los extraños son una sombra intrascendente para mí, una especie de cadena, desfilando a diario su banalidad, sin provocarme la menor sospecha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;El negociante pierde un tanto el escrúpulo, al llevar a su boca las ventosas de pulpo adheridas a sus dedos, para luego aflojarse, con la misma mano, la corbata, tan roja como la minifalda de otra de las chicas, quien carcajea vacía, hermosa, limpia, al igual que la nube de cigarrillos alargándose al alcanzar la ventana alta del lugar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Lo suyo, amable amigo –al fin afirma el mercader, mientras recuerda la primera impresión que le causó el escritor, al intuirlo interesante por esa extraña manera de sorberse la vida–, permítame decírselo sin afán de ofender. Lo suyo, como le decía, es un vagar profundo y sin sentido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Sin sentido! ¡En eso tiene toda la razón!... Lo mío es un laberinto sin salida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Las salidas están aquí y ahora, allá y mañana, en toda dirección y en cualquier sorpresa… Fue un gusto conocerlo –se despide el comerciante en un rápido movimiento, estrechando la fina mano del novelista; después de colocar un billete nuevo, de alta denominación, sobre la barra mojada–. Le aconsejo no tomarse tan en serio. Ya lo dice la vieja melodía: “... en el fondo de la fosa, ambos llevaremos la misma vestidura...”, ¡Ja ja ja ja ja! ¡Hasta luego!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–––––––––––––––&amp;amp;–––––––––––––––&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255); text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 36pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:11;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: lucida grande;"&gt;La cumbia se repite fiel al incesante murmullo. El escritor le dice, a la chica a sus espaldas, que le pida algún papel y lápiz al cantinero. Acaba de hacer su mejor compra en lo que va del mes; mientras vuelve a tender su red a mitad del desierto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-3277628583017602553?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/3277628583017602553/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=3277628583017602553' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/3277628583017602553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/3277628583017602553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/06/la-red.html' title='La Red'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ41jPwp21I/AAAAAAAAAk0/a5HD_iJC3I8/s72-c/barra-bar-isaias.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1840886626044864833.post-8046970107279069060</id><published>2007-06-30T13:28:00.001-05:00</published><updated>2008-11-02T17:29:29.081-06:00</updated><title type='text'>El Blues de Baudelaire</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ43mReO3GI/AAAAAAAAAk8/Tw0MdI_Z2BE/s1600-h/psiquiatra.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 245px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ43mReO3GI/AAAAAAAAAk8/Tw0MdI_Z2BE/s320/psiquiatra.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264206145107450978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Riiiiiiing!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Bueno…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;El viejo sillón rechina al estirar su brazo para contestar el teléfono; coloca el puro en el cenicero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … –respiración entrecortada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Bueno! ¡Quién habla! –grita las palabras, con ese timbre de quien a primera impresión parece un ogro; a la vez que baja los zapatos del escritorio, enderezándose sobre el sillón crujiente, hasta la bocina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Hola –se escucha al fin, a manera de queja, la respuesta en una voz aguda, con cierto aire astuto, distante–. ¿Es el 7–18–42–95?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Sí, aquí es… ¿A quién busca?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Usted puso ese anuncio en el periódico solicitando un loco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Sí! ¡Yo soy! –brinca hasta la orilla del sillón, remueve infinidad de papeles buscando un bolígrafo y sus anteojos– Eh… ¿cuál es su nombre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Para qué quiere saberlo? Los locos sólo poseemos un número; otros, ni eso. Dígame, ¿usted también está loco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Por qué lo preguntas? –dándole una fumada nerviosa al puro; se anima a tutearlo por su desenfado al hablar; pero precavido a la vez, al intuir cierta marrullería en la intención de sus palabras; calculándole alrededor de treinta años: “Buena edad”, piensa; al menos comparada con la suya.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Porque si no estás loco, tendré que tomar mis reservas contigo desde un principio –le devuelve la confianza al hablarle de tú; mientras el interlocutor tira torpemente la ceniza en el mosaico de la oficina, en total penumbra, al descubrir la sagacidad del tipo–. Y dime, ¿cuánto pagas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Cuánto pago?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Claro! ¡No puedo caer en el desprestigio malbaratando mi locura, así nada más! Me ha costado mucho trabajo lograr este estado para que cualquier mequetrefe dé al traste con él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;La argumentación del loco confunde al hombre maduro; además de no encontrar por ningún lado su bolígrafo; colocándose al fin sus gafas de forma redonda. Alcanza a vislumbrar la hora en el barato reloj de pared, al extremo opuesto de la habitación: 3:05 PM marcan las manecillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Cuándo colocaste el anuncio? –pregunta el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Por qué quieres saberlo? –dibujando una siniestra sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tengo curiosidad por saber cuánto charlatán te ha estado llamado; ya sabes, nunca faltan los que desacreditan al gremio, con tal de ganarse plata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y que tal si en lugar de ser un verdadero loco eres un simple furioso, o un atolondrado e irreflexivo, o un imprudente, o un aturdido, o un obsesionado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿O un juicioso, lógico y ordinario con disfraz?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tal vez también apático e indiferente –vuelve a sonreír agudo el hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Normal para ti?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Común para todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te diré una de mis características principales: soy ecuánime; y me molestan las personas que tienen al lado un diccionario de sinónimos para burlarse de la gente. Reflejas mediocridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Soy siquiatra; mi intención no es burlarme de ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Más bien pareces un burdo seleccionador de personal. Los siquiatras siempre guardan silencio, esperando a que el cliente… ¡perdón!, el enfermo –en tono burlesco– desembuche la palabra clave para empezar a escribir la receta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Se ve que tienes experiencia con ellos –afirma el siquiatra–. Eres muy perceptivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No cambio mi opinión –el loco se lleva la bocina a la otra oreja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Me gusta… me gusta –desliza su cuerpo de nuevo, subiendo los zapatos al escritorio; olvidándose ya del bolígrafo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–A mí no. Te advierto que no quiero volver a tener un jefe, ni un horario, ni una maldita tarjeta por &lt;i style=""&gt;checar&lt;/i&gt; cuatro veces al día, como si fuera un robot.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Cuatro veces?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… No sé si estés enterado, pero los locos también solemos salir a comer a mitad de la jornada de trabajo. Quizás a esto se deba mi trastorno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿A comer?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡No te hagas el tonto! ¡A &lt;i style=""&gt;checar&lt;/i&gt; tantas veces!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Yo nunca he tenido necesidad de eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Aaah!, ¡un burgués!... ¿O acaso tengo el honor de estar conversando con cierto miembro de alguna extraña ralea sin reino, en este pútrido país?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Eres sicólogo? –pregunta el siquiatra en tono divertido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja ja ja ja ja! Eso me sonó como si el médico cirujano me preguntara: “¿Eres enfermero?, ¿de segunda o de tercera?”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Si te provocó tanta risa esta simpleza, debes ser un loco prosaico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Si no sabes reír, no podrás preciarte nunca de ser un loco; independientemente de todo lo demás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y si no sabes rezar? –avienta inesperada la pregunta el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Rezar?..., explícate –duda el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No… –los ojos del siquiatra se abren al máximo, pareciendo comprender algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja!... interesante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Inteligente –responde el siquiatra, refiriéndose al loco; quien acomete:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te hago una pregunta. Para la siquiatría, ¿la inteligencia puede convivir de manera cotidiana con un loco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Un chango demuestra inteligencia desde que pela una banana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mediocre respuesta. Ya llevas dos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te parece?...ji ji ji –acomodándose confortable en el sillón, que vuelve a crujir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–El mediocre siempre se refugia en la risilla ilusa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Oh Dios! ¡Me has desenmascarado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mmm…no me la trago. Actúas, y actúas como principiante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te parece? –indaga el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Pregúntaselo a la gorda y celulítica que seguramente provoca que te corras en las &lt;i style=""&gt;hotlines&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No me decepciones –se defiende el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–“No me decepciones”… esta frase la recuerdo en “El Silencio de los Inocentes”. Hannibal Cannibal; seguro la has visto infinidad de veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No tiene nada que ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te gusta el hígado humano con garbanzos? –pregunta el loco–, ¿lo sabes sazonar bien?, ¿lo partes con cuchillo o se corta fácil con el tenedor?... Al menos con el mío, creo que tendrías que usar una sierra eléctrica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Prefiero la langosta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja!, buen gusto. Buen provecho; yo sólo aspiro a sardinas con galleta y agua del grifo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Loco y pobre, mala combinación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Para un genio suele ser al contrario. Perfecta mezcla al trabajar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Lotería! –exclama el siquiatra–. ¡Ya encontré la palabra clave del cliente; ¡perdón!, del paciente; ¡perdón!, del enfermo, según tus propias palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Lotería! ¡Caíste en la trampa! Ahora tienes dudas sobre mi genio; además de haber desenmascarado tu supuesta profesión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Interesante charla… muy interesante –afirma el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te parece? A mí no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Dudas… ¿te llevé a tu límite?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tú conoces la respuesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Vaya! ¡Ya era tiempo! Al fin brilla tu cerebro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿A qué te dedicas? –vuelve a interrogarlo el siquiatra, dando cierto giro a la conversación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te refieres a lo que mejor hago, y que hago con el alma?, ¿o a la actividad que simplemente me deja dinero?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Responde lo que gustes –lo invita el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ah! Regresa el científico… es una pena; lo estabas haciendo bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Qué quieres. Yo soy el patrón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Puuuaaafff!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja ja ja! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Hey! ¡También sabes reír abiertamente! –se mofa el loco–. ¡Eso es bueno! ¡No me decepciones, Hannibal Cannibal!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Responde lo que gustes –repite el siquiatra, en verdad seducido por la charla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Soy un artista frustrado. Respondí por ambas partes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Un silencio abrumador se convierte en único cómplice por varios segundos; cada cual inmóvil al extremo de la línea, esperando a que el otro tome la iniciativa, ante lo que los dos saben es el parteaguas en la conversación. El siquiatra se atreve, tendiéndole una red al loco:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Los artistas, generalmente nunca son dados a coleccionar; los coleccionistas casi nunca son capaces de crear algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Vaya contigo! ¿O sea que eres un coleccionista de locos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja ja ja! –explota el siquiatra–. ¡Buen chiste! ¡Muy bueno! ¡Me gusta tu anarquismo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿No te has puesto a pensar que existen artistas cuerdos y artistas chiflados? Sólo a un artista chiflado se le ocurriría, además, ser coleccionista; a menos que coleccione fracasos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Un fracaso lo tiene cualquiera –afirma el siquiatra–; lo importante es saber si estuvo fuera de nuestro alcance el evitarlo o no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ya te me estás poniendo retórico! Ahora tú eres quien parece sicólogo. ¿Además del diccionario tienes una botella de ron al lado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–A mi lado sólo ten…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tengo el periódico de ayer aquí –interrumpe el loco; mientras el siquiatra apaga su puro en el cenicero, extrayendo de su sobretodo un encendedor antiguo, muy bello; dándole vueltas en su mano–: “Solicito loco para trabajo fácil. Teléfono 7–18–42–95”…Dime, ¿en qué consiste ese trabajo fácil?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Por qué lo preguntas en ese tono irónico y mordaz? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Sigues consultando tu diccionario?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Simple práctica –responde, escueto, el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Sinceramente, cuando leí el anuncio por primera vez, no podía creerlo, me provocó mucha risa, intriga. ¿Qué pretendes?, ¿formar un sindicato de perdedores?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te estás proyectando –indaga el siquiatra–; yo no he utilizado la palabra “perdedor”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Pero el tono de tu voz te refleja. ¿No te das cuenta? Sólo expreso lo que intuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Qué edad tienes? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Por qué preguntas si ya lo sabes? Creo que lograrías adivinar también mi signo zodiacal y hasta mi número de seguro social; y no sólo el mío, el de cada uno de los tontos que te han llamado y te seguirán llamando, cuando cuelgue el teléfono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–“Tonto”… interesante… ¿Hijos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No. Y no te molestes en preguntarlo, tampoco soy casado. Cuando tengo ganas de echarme un polvo, simplemente marco el teléfono de mi querida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Qué opinas sobre el arte actual? –intenta averiguar más el siquiatra, girando de nuevo la conversación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Me tiene sin cuidado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿No será que te obligas a no querer comprenderlo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No hay nada que comprender al respecto. No indagues por ahí… Hace muchos años que todo viene siendo una imitación burdamente matizada… … … Mira, esta agradable charla se está prolongando; ya debo regresar a la plancha. Mejor dime en qué consiste el trabajo y cuánto pagas. Estoy harto de las entrevistas inútiles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–El trabajo es lícito. Ganarás lo suficiente para no volver a trabajar nunca. ¿Alguna otra pregunta?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;Al fin, el siquiatra logra que el loco vuelva a dudar un instante:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Eh… Sí, ¿por qué…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Si haces un buen trabajo –ahora es el siquiatra quien interrumpe– yo mismo me encargaré de que el mundo conozca tu nombre… Por cierto, ¿qué es eso que “mejor haces y, además, haces con el alma”?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Escribo –responde el loco, indiferente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Cuento?, ¿novela?, ¿poesía?, ¿ensayo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Poesía, sobre todo poesía. La desparramo con verdadero arte en puertas y paredes de baños públicos, por toda la ciudad. Cada semana renuevo mi trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y cuál es esa actividad que simplemente te deja dinero?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te lo diré –responde sin titubear el loco–, es la verdad: soy asesino bajo encargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;La declaración toma por sorpresa al siquiatra. Retirándose los anteojos; clava su mirada en ese círculo borroso que parece marcar las tres y tantos de la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Creo que tienes miedo, siquiatra –se está mofando; mientras retorna la bocina a la otra oreja–. Mira, no siempre mato gente; es más, es raro cuando realizo un trabajo así. Mi labor, pensándolo bien, consiste en deformar rostros; la misma víctima es quien paga el servicio; ya sabes, para acelerar un divorcio, para vengarse de alguien…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Y bueno, a manera de pasatiempo, también tengo un grupo de rock.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;El siquiatra comprende que debe entrar en la conversación, para evitar ser evidenciado en su estupor:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Y…, ¿han hecho alguna grabación? –recordando un lúcido diálogo en su consultorio, meses atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mmm… evitas el tema que en verdad te interesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Simplemente responde si te place –baja de nuevo los zapatos del escritorio, muy despacio, en actitud de quien le avisan que acaba de ganar el primer premio de la lotería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No. Lo hemos intentado con un &lt;i style=""&gt;demo&lt;/i&gt;, pero nos dicen que no venderíamos un sólo disco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Tan malos son? –pregunta por puro reflejo el siquiatra; a la vez que en su mente se fraguan varias incógnitas, posibilidades que él mismo duda si se atreverá a exponer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Componemos música por el gusto de crear; ¡y no somos coleccionistas de discos! –en son de mofa–. Como ya te imaginarás, las letras son mías. Digamos que el dinero no nos interesa, aun cuando te parezca estúpido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No me lo parece –afirma el siquiatra, consecuente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No te creo… en fin. Tenemos una propuesta que va más allá, por ponerte un ejemplo, de la disfrazada monotonía de cuerdas en U2.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ajá –el siquiatra no sabe gran cosa de rock; responde, mientras idea el plan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Pero no es decir mucho –sigue el loco–, las masas carecen de memoria musical. El verdadero rock es vasto en originalidad y clase de primer nivel, incluso comparando a sus creadores e intérpretes con un Brahms o un Stravinski. ¡Cómo olvidar a Rick Wakeman en esos solos de órgano, con su banda que lindaba el rock sinfónico a principios de los setentas! ¡Pero el mediocre comercialismo ha provocado que la grandiosidad del rock se adormezca en las mentes débiles! Nueve de cada diez personas son mentes débiles, aunque ejerzan cualquier profesión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;El siquiatra reacciona, ha atendido solamente a la última frase de la ponencia que oyó, mas no logró escuchar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ajá… eh… dime una cosa…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tenemos montada una adaptación en español a cierta poesía de Baudelaire, a ritmo de blues ligero. Digamos, al estilo de John Mayal en su segunda época, con uno que otro pasaje de flauta transversal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Qué poesía es? –se concentra de nuevo el siquiatra en la conversación, al reconocer que difícilmente llevará a cabo el cometido oculto, detrás de su anuncio en el periódico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–El título no lo recuerdo –responde el loco–; alguien dijo alguna vez que el título es lo que menos importa. Es aquella en la que se pregunta por qué los genios prefieren a las prostitutas, en lugar de cualquier otra mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Tú, por qué crees que las prefieran?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Vamos, es sencillo. Al genio no le interesa el dinero; en cambio, el tiempo es muy valioso para él, no le alcanza para andar por ahí seduciendo mujeres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ajá… Y dime, ¿cuál es el nombre de tu grupo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–&lt;st1:personname productid="La Mostaza. Ya" st="on"&gt;La Mostaza. Ya&lt;/st1:personname&gt; tenemos ocho años. Somos un trío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y quién los escucha?, ¿cuál es su público?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Nadie… Nadie entiende nada nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Bueno, bueno!... Respóndeme: ¿alguna vez has estado en la cárcel?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Vaya! ¡Retomas el tema que en verdad te interesa! –afirma, excitado, el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ahora parece que yo soy el paciente y tú el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No te esfuerces, no muerdo tu anzuelo; aunque de buena gana te asignaría una receta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ni con tu silencio muerdo el polvo, siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Al menos responde mi pregunta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Nunca he estado en la cárcel. Soy un profesional; lo mismo con el cuchillo, con la jeringa, con mi requinto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Oh! Además eres el requintista de &lt;st1:personname productid="La Mostaza" st="on"&gt;La Mostaza&lt;/st1:personname&gt;… Pero, según entiendo, un profesional es el que cobra por su trabajo, y tú no cobras por tocar la guitarra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Esa es la idea consumista del concepto. Un profesional simplemente es quien domina su arte; y bueno, el mismo concepto también incluye a quienes dominan sus aburridas profesiones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Quieres decir que… también dominas el arte del cuchillo y la jeringa? –pregunta el siquiatra, intrigado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mira, ya tengo que regresar a la plancha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿A qué plancha?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Acaba de llegar una clienta; ¡perdón!, una paciente –jocoso–. Antes de marcarte, le descubrí el rostro: creo que logrará inspirarme algunas líneas… No pasa de cincuenta años. Comprende que también tengo que estudiar su cuerpo, para ver dónde será prudente pincharla; si dejo que pasen los minutos, mañana, su venganza no pintará la pared de un teatro que ya he seleccionado; y con un poco de suerte, si me acepta un café al rato… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Hannibal Cannibal! –grita el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No seas vulgar. No me decepciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Yo nunca te decepcionaré! ¡Dime!, ¡en qué baños públicos puedo leer tu obra!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Preferiría que escucharas a &lt;st1:personname productid="La Mostaza" st="on"&gt;La Mostaza&lt;/st1:personname&gt;, mañana, en vivo, como único espectador. De esta manera, podrás conocer mi poesía sin necesidad de pujar desesperado en un WC –afirma divertido el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Bien! ¡Dime dónde!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No. No te atreverás a venir –responde el loco, pareciendo ocultar algo en sus palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Me estás provocando? ¿Acaso tienes planeado deformarme el rostro con tu guitarra?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mi guitarra vale más que tu cara abotagada. Te voy a tirar tus dientes flojos, uno por uno; no sin antes arrancarte la barba; el día que llegues aquí, donde ahora estoy, ni antes ni después, tenlo por seguro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y cuánto me vas a cobrar por el servicio? –pregunta el siquiatra, un tanto desconcertado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Será un genuino y transparente trabajo por amor al arte. ¡Al arte contemporáneo! –burlón–. No te cobraré nada. Y si se me pasa la mano, confía en mí en que te dejaré tirado en un basurero, con tu cartera intacta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Sólo te pido un favor –añade el siquiatra, haciendo énfasis en la frase.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Dime…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Cuando termines conmigo, no se te vaya a ocurrir invitarme un café.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Ja ja ja ja ja! No te preocupes, siquiatra –con desprecio–, yo no te invitaría ni a tu velorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Oye! –grita de nuevo el siquiatra–. ¡Dime, dónde leo tu poesía!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mejor explícame de una vez en qué consiste ese trabajo fácil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No creo que te interese. Siempre será más emocionante un trabajo como el tuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Me interesa más no volver a trabajar nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿No dices que el dinero no es precisamente de tu predilección?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–En lo que respecta a mi poesía, no. Pero el olor a formol, ¡puuuaaafff!, ¡ya no lo soporto!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–El trabajo fácil consiste en asesinarme –contundente, seguro de sí mismo; dejando caer en un descuido sus gafas al suelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Dijiste que era un trabajo lícito –responde el loco–; ¡yo no puedo hacer eso!... Además, se supone que… al matarte, mi nombre se inmortalizará… ¿Quién demonios eres?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Ahora eres tú el intrigado, ji ji ji.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Eres patético!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Soy un simple, común y corriente crítico de arte, frustrado, que suele jugar a los policías y ladrones; ni más ni menos que tú –declara el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Voy a colgar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Cuelga, no hay ningún problema de mi parte, ji ji ji.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … –bufando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … Ji ji ji.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Eres un hijo de puta!... pero yo no podría matarte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Y tú un asesino iluso! –responde el siquiatra, cambiando de pie sobre el escritorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mmmmm.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Empezamos a entendernos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Tú puedes hacerlo!, ¡y lo sabes! –sentencia el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te pido otro favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tú dirás –responde el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Que sea rápido y sin sufrimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Está bien, tú ganas. Será rápido y sin sufrimiento, te doy mi palabra de que así será. Es más, prometo que rezaré por ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Y cómo piensas hacerlo si nunca aprendiste?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Bueno, espero que sea pronto –agrega el loco, evitando el último comentario del siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No lo sé. Tengo muchos expedientes en proceso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Expedientes de locos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No. En perfecta cordura, deseando ser locos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Mándalos al carajo! Seguramente son en su mayoría profesionistas de éxito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Esperaré con profunda emoción el día en que caiga al fin en tu poder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Mi cuchillo siempre estará afilado; te prometo usar hipodérmica nueva, para evitarte cualquier contagio&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Qué escribirás con mi afán de venganza? ¿Dónde lo harás?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Eso no puedo decírtelo. Mis deseos se renuevan a diario, pero nunca un día antes. No hay mayor emoción que esto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No sé por qué, pero me da por pensar que estás muy cerca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Por muy cerca que esté, tu dinero te lo metes por donde más valga; y la fama por haberle rebanado el cuello a un chango que sabe pelar bananas, se lo heredo a Baudelaire. Salúdamelo si lo ves algún día; aunque lo dudo. Pero si es así, cuéntale de su blues; estoy seguro de que le encantaría escucharlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–No te preocupes, lo haré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Recuerda, soy un profesional. No tendrás tiempo de gritar tu dolor. Y por cierto, tenías razón, el trabajo es lícito, tomando en cuenta la mediocre definición de “profesional” que se aplica hoy día a tanto pelele. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Lo acepto; es más, me rindo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Y yo acepto que te mentí: colecciono mediocres&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;–declara el loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Pudiste haber sido mi único paciente; nunca tuve clientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Tú sólo eres uno más… Supongo que tienes “las patas” subidas en el escritorio, como siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¿Te sigue molestando? –pregunta el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Eres muy vulgar. Sobre todo cuando pisas algún chicle. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Oye!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Dime... –responde el loco, impaciente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Recuerdo que preferías pasar la tarde escuchando a los Beatles, en lugar de perder tu tiempo en la calle, entre tanto enfermo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Recuerdas bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Llevaré un disco en mi sobretodo. Quiero que lo pongas cuando prepares la tinta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Te prometo que lo haré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Y no olvides rezar –suplica, divertido, el siquiatra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… Debo irme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Fue un gusto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Lo mismo digo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–Por cierto –agrega el siquiatra–, también llevaré en el sobretodo aquel encendedor de gasolina que perteneció a tu bisabuelo, ¿lo recuerdas? Tenías razón, vale mucho dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Desgraciado! ¡Tú lo tienes! –a través de la bocina, parece haber sufrido una caída el loco, rompiendo algún vaso de cristal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡Lotería! –poniéndose en pie, explota en emoción el siquiatra, provocando que el viejo sillón rechine en el oído del loco–. ¡Te lo mereces por haber quemado con él ese magnífico párrafo! ¡Y todo por haberte terminado mi vodka! ¡Ebrio estúpido! ¡A mí el ron no me gusta! ¡Y para que dejes de pajearte el cerebro, la palabra clave en el blues de Baudelaire es “jódete”, en la quinta línea del tercer párrafo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–… … … –resoplando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; font-family: lucida grande; color: rgb(255, 255, 255);"&gt;&lt;span style=";font-size:100%;" lang="ES" &gt;–¡No faltaré a mi cita! ¡Claro que no faltaré! ¡Veme buscando una mujer! ¡Sólo te pido que ahora me digas dónde demonios escribiste ese último verso, imbécil! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:11;"  lang="ES" &gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);font-size:100%;" &gt;&lt;span style="font-family: lucida grande;"&gt;–¡CLIC!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1840886626044864833-8046970107279069060?l=noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/feeds/8046970107279069060/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1840886626044864833&amp;postID=8046970107279069060' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/8046970107279069060'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1840886626044864833/posts/default/8046970107279069060'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://noseculpeanadiedemimuerte.blogspot.com/2007/06/el-blues-de-baudelaire.html' title='El Blues de Baudelaire'/><author><name>alipuso</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01526546251658415959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YtGx-Vh8alQ/SQ43mReO3GI/AAAAAAAAAk8/Tw0MdI_Z2BE/s72-c/psiquiatra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
